LOS ESTUDIOS DE LA CIBERCULTURA EN LA BIBLIOTECA UNIVERSITARIA DESDE LA
PERSPECTIVA DE LAS CIENCIAS DE LA DISCUSIÓN
Luis Hernando Lopera Lopera
Bibliotecólogo
Universidad de Antioquia, Medellín (Colombia)
Correo electrónico: hlopera@biblioteca.udea.edu.co
Marzo de 2005
"El desafío consiste no en inundarnos de certezas
sino en hacer proliferar los interrogantes".
Alejandro Piscitelli
Resumen
En este trabajo se aborda el estudio de la cibercultura como una posible
tarea de investigación desde el enfoque de las ciencias de la discusión
como nuevo paradigma de las ciencias sociales. Se aborda específicamente
el campo de los aspectos ciberculturales en la gestión de redes de
conocimiento en la biblioteca universitaria.
Abstract
In this work the study of the cyberculture like a possible task of investigation
is approached from the approach of sciences of the discussion like new paradigm
of social sciences. The field of the cybercultural aspects in the management
of networks of knowledge in the university library is approached specifically.
La perspectiva de las ciencias de la discusión
Las ciencias
de la discusión parten fundamentalmente de una crítica al rumbo
que ha tomado el mundo de la vida por el uso equivocado de la razón
en lo que tiene que ver con el desarrollo, la multiplicación y la
aplicación del conocimiento científico y tecnológico,
motivo por el cual las condiciones de la vida humana están siendo
transformadas radicalmente en detrimento de otros aspectos tales como la
estética, la ética y la cultura.
La propuesta
de las ciencias de la discusión como nuevo paradigma para las ciencias
sociales, se fundamenta en los conceptos kantianos de moralidad y libertad;
retoma la perspectiva fenomenológica que posibilita la recuperación
de la subjetividad y una orientación al mundo concreto de la experiencia,
y se complementa con la teoría crítica de la sociedad y la
teoría de la acción comunicativa, que se derivan a partir del
giro lingüístico en la reflexión filosófica. En
este sentido, las ciencias de la discusión reivindican a las personas
como participantes en la acción social, para asumir su tarea científica
desde la acción comunicativa, la razón dialógica, la
estética y la participación razonable, en vez de la epistemología
y la teoría del conocimiento.
Esta propuesta
parte de la identificación y caracterización de la crisis de
la modernidad, en tanto que no se han cumplido las promesas de emancipación,
libertad, igualdad y solidaridad de la Ilustración. Tal crisis se
debe principalmente a la confusión de los ideales de la modernidad
con las políticas y los logros de la modernización, que le
ha dado mayor importancia al desarrollo material del mundo y ha descuidado
la dimensión simbólica del mundo de la vida. Es así
como la concepción de la razón moderna como razón estratégica,
instrumental y funcional, deforma la razón misma, la reduce sólo
a una de sus dimensiones en desmedro de otras, como la cultura, la crítica,
la ética y la estética.
La tesis central
de la propuesta de las ciencias de la discusión es que el proyecto
filosófico de la modernidad debe continuarse como teoría crítica
de una sociedad que desconoce la crítica por darle preponderancia
a la modernización, a la productividad y al consumo. Mientras en el
mundo contemporáneo las corrientes neoliberales modernizantes celebran
el triunfo de la razón instrumental, de la economía de mercado,
de la libre empresa, de la competencia, de la eficiencia y la eficacia, reina
la desorientación y el descontento porque el exceso de información,
de artefactos tecnológicos y de políticas y acciones tecnocráticas
no ofrecen posibilidades para la realización personal ni colectiva.
Esta crisis
se debe a la falta de cultura crítica, cuya fuerza es la esencia del
proyecto moderno. Es así como la teoría crítica de la
sociedad permite superar los dogmatismos tradicionales y “asumir con seguridad
el sentido emancipador de la ciencia y la técnica” , de esta manera,
las ciencias sociales concebidas como ciencias de la discusión pueden
aportar a la construcción de una racionalidad social. Se propone,
pues, criticar “la lógica carcelaria del mundo preciso” que en aras
de la claridad absoluta mutila todo lo dudoso y lo confuso, es decir, las
partes vitales de nuestra existencia, la complejidad del mundo de los seres
humanos, incluyendo lo mítico y lo estético, dimensiones simbólicas
que, al ser ignoradas, hacen que veamos la tierra sólo como un depósito
de energía y al ser humano como un habilidoso constructor de artefactos
para el consumo.
Las ciencias
de la discusión pretenden la reconstrucción de un mundo que
ha sido colonizado por la razón despótica, pues en aras de
la precisión y la normalización ésta ha empobrecido
y enrarecido la vida, al mutilar los simbolismos y la capacidad de habitar
poéticamente el mundo, esto es, la posibilidad de construir la sociedad
como se construye una obra de arte, desde lo estético y lo ético.
Fuera del alcance de la racionalidad calculadora y previsora de la ciencia
queda la pregunta por la libertad humana como fuente de responsabilidad (moral),
es decir, el ámbito de la ética como reflexión filosófica
por lo moral. Lo mismo sucede con los asuntos relacionados con la acción
colectiva, en tanto que no pueden ser resueltos en términos meramente
científicos. Es necesario, entonces, redefinir el sentido de las ciencias
sociales para abrir nuevos caminos que conduzcan a una reconstrucción
social de la realidad, mediante el establecimiento de los límites
de la razón hegemónica que desconoce al ser humano que la alienta,
y la recomposición de las relaciones entre los mundos objetivo, subjetivo
y social.
En síntesis,
las ciencias de la discusión se proponen como un nuevo paradigma para
las ciencias sociales en tanto que su objeto lo constituye el mundo social
como posibilidad de expresión y construcción simbólica,
en lo que tiene que ver con la comprensión de la subjetividad y de
las estructuras del mundo de la vida. Esta teoría permite la construcción
de una representación simbólica de la interacción social
para comprender sus orígenes, resignificar el presente y diseñar
intersubjetivamente el futuro. En resumen, las ciencias de la discusión
apuntan a la construcción intersubjetiva del sentido de la experiencia
social, a la construcción crítica del desarrollo de los modelos
de intervención social y política, a la reconstrucción
histórica de las perspectivas de los participantes en la interacción,
a la consolidación de propósitos y acciones tendientes al desarrollo
social y político, y al reconocimiento multicultural.
El ámbito de la cibercultura
En los últimos
cincuenta años, la tecnociencia ha producido un ritmo creciente de
innovaciones tal que se ha convertido en una fuerza determinante de las condiciones
del entorno y de las formas de vida en casi todo el mundo. Nuestros ambientes
natural y cultural son objeto de un acelerado e imparable ritmo de innovación
y reconfiguración social, hasta el punto de que ya se habla de una
transformación de la cultura en lo que se ha denominado tecnocultura,
cultura digital o cibercultura.
Por cibercultura
podríamos entender la complejidad de conocimientos, comportamientos,
costumbres, hábitos, capacidades, artes, leyes y valores asumidos
por los seres humanos que se integran como miembros de la cibersociedad,
también llamada sociedad informatizada, sociedad red o sociedad del
conocimiento, la cual es producto del desarrollo de la tecnociencia. Esta
cibersociedad es lo que Javier Echeverría en Telépolis
llama el tercer entorno como un nuevo espacio social o una dimensión
de tanta envergadura como la naturaleza y la ciudad. En tal sentido, la cibercultura
podría ser a lo que se refiere Manuel Medina —el investigador de la
perspectiva Ciencia, Tecnología y Sociedad— cuando habla de "la plasmación
de asociaciones de humanos y no-humanos que se relacionan e interactúan
de formas determinadas para dar lugar a realizaciones culturales características"
.
También
podemos aventurarnos a decir que la cibercultura puede ser caracterizada
por una diversidad de producciones, actitudes, habilidades, relaciones sociales,
máquinas, instrumentos lógicos y materiales, técnicas,
hechos y teorías que la diferencian de otros tipos de cultura y que,
además, podría desbordar nuestra imaginación en cuanto
a la magnitud de sus efectos. Ya lo anticipa Alejandro Piscitelli cuando
afirma que ante el predominio y la velocidad de las innovaciones tecnocientíficas,
se prevé el advenimiento de un megaevento del que tal vez no tenemos
la capacidad de pronosticar sus alcances y consecuencias. Este evento, considerado
como una gran mutación cósmica, se plantea mediante las siguientes
hipótesis, según Piscitelli, basadas en el estudio y desarrollo
de las biocomputadoras:
1. La construcción de "computadoras dotadas de una
inteligencia más-que-humana".
2. "Inmensas redes de computadoras y usuarios nos despertaremos
como entidades inteligentes más-que-humanas".
3. "La interfaz entre la computadora y los seres humanos
se volverá tan íntima que los usuarios podremos considerarnos
superinteligentes".
4. "La neuroingeniería proveerá los medios
para aumentar exponencialmente la inteligencia humana" .
Y el mismo
autor afirma que debido a la pasión humana por conocer y dominar,
acompañada de la innovación tecnológica desbocada, "vemos
emerger en el horizonte una problemática que pone en cuestión
el destino mismo del pensar" .
Los estudios de la cibercultura
Los estudios
de la cibercultura tratan de proponer y desarrollar métodos, hipótesis
y teorías de interpretación, comprensión, valoración
e intervención de las innovaciones tecnocientíficas que configuran
esta transformación cultural, e incluyen además, el estudio
de los movimientos culturales y sociales generados por la tecnociencia.
Podríamos
ubicar estas investigaciones como una línea especial en el amplio
campo de los estudios culturales, la cual aborda la diversidad de fenómenos
que están transformando nuestro entorno físico y nuestras estructuras
mentales en lo que tiene que ver con la interacción hombre/máquina,
esto es, con la relación de dependencia entre el hombre y la máquina,
y por extensión, se incluyen los estudios de impacto cultural y cognitivo
de la tecnología sobre sus usuarios-consumidores.
Según
lo anterior, se ha abierto un vasto campo de investigación que tiene
que ver con temas como la sociedad red, las máquinas inteligentes,
la realidad virtual, el arte computacional, la ciberestética, las
comunidades virtuales, la Internet, el teletrabajo, la teleeducación,
la vida artificial, la simulación, las redes de conocimiento, las
interfaces hombre/máquina, las redes neuronales artificiales, la inteligencia
social, la conectividad, la antropocibersincronicidad , las guerras entre
los hackers y su activismo político, las conspiraciones en línea,
el espíritu cyberpunk, los movimientos libertarios electrónicos
de la información, las nuevas formas de organización civil
en el ciberespacio, el dominio corporativo del mercado electrónico,
la generación digital de ciberconsumidores, el telecapitalismo basado
en la comercialización de la información, y una lista interminable
de nuevos fenómenos culturales.
Ahora bien,
al percibir la complejidad de estos temas, se considera que es urgente abordarlos
desde una perspectiva crítica que permita comprender hasta dónde
podría conducirnos el determinismo tecnológico , cuáles
son las características y consecuencias de estas transformaciones
tecnosociales en curso y cuáles son las ideologías y valores
que configuran el ámbito de la cibercultura. Si desde la tecnociencia
se aborda al ser humano como una computadora bioquímica que puede
replicarse y mejorarse o si se avizora el advenimiento de la singularidad
tecnológica, como llama Piscitelli al engendro que se producirá
de la fusión hombre/máquina, es inaplazable que desde nuestro
mundo de la vida se inicie el estudio de las cuestiones filosóficas,
culturales, sociales y políticas que esta revolución plantea.
Debería
partirse, entonces, de la definición del sistema cultural de la cibersociedad,
en el cual podrían identificarse y caracterizarse unos procedimientos
reproducibles, transmisibles y generalizables; unas formas de acción
e interacción; un entorno material compuesto por artefactos y técnicas;
un entorno simbólico que incluye conceptualizaciones, representaciones,
interpretaciones, legitimaciones y valores; un socioentorno del que hacen
parte instituciones, organizaciones (comunitarias, sociales, económicas,
políticas y jurídicas), normas, roles y fines; y un bioentorno
o medio biótico constituido por todas las comunidades de seres vivos.
Se deduce,
pues, que las innovaciones tecnocientíficas replantean de manera radical
nuestra concepción del mundo y lo que podemos y debemos hacer en él.
De esta manera, en los estudios de la cibercultura se busca comprender el
fenómeno tecnocientífico en relación no sólo
con la sociedad que lo produce sino, y tal vez esto es lo más importante
para nosotros, en relación con todo el entorno natural y cultural
y, especialmente, sobre las sociedades que tiene efectos de gran impacto
en su conformación. Se propone, pues, una visión integradora
en la cual convergen la bibliotecología, la ciencia de la información,
la comunicación, la antropología, la sociología, la
ética, la filosofía, la ciencia de la computación, los
estudios culturales, etc., en un intento de comprender el caos y la complejidad
de la discontinuidad por la que hoy atravesamos en esta época de nuestra
historia cultural.
Por consiguiente,
es impostergable iniciar procesos de investigación a partir de las
inquietudes, preocupaciones y problemas detectados por los efectos de los
desarrollos tecnocientíficos que impactan en lo que sabemos y en lo
que somos. Sin embargo, es evidente que se necesitan nuevos instrumentos
científicos que permitan aprehender la dinámica de los procesos
ciberculturales mediados por un nuevo lenguaje y un nuevo contexto dominado
por la simulación, lo artificial, lo virtual y la nueva concepción
de la comunicación hombre-hombre, hombre-máquina y máquina-máquina.
Es claro,
entonces, que los medios electrónicos generan la cultura del simulacro,
basada en un nuevo tipo de inteligencia de la que se dice que es activa,
creativa, comunicativa y, especialmente, pragmática. Una característica
notable del entorno tecnocultural es que la praxis se impone sobre la teoría,
la sobrepasa y se aleja veloz de nuestra capacidad de conceptualización,
y cuando creemos que vemos, sólo alcanzamos a ver un mundo hiperfragmentado
por la aceleración tecnológica impuesta por lo que Piscitelli
llama "el mandato fáustico de la modernidad": Todo lo que se puede
hacer debe ser hecho. Y tal vez, este mundo hiperfragmentado sólo
pueda comprenderse aprendiendo a pensar los híbridos propuestos por
el diseño y el cultivo de la hipercomplejidad, de la interactividad
y de la integralidad.
¿Cómo
recuperar, pues, para esta nueva cultura el concepto de sabiduría,
de hombre sabio, que ha sido desplazado por el de hombre informado? Porque,
para comenzar, necesitamos sabios o, lo que es lo mismo, integradores, es
decir, necesitamos aprender a través de los hechos, penetrar en las
estructuras, modelos y relaciones subyacentes en ellos, y aprender a reflexionar,
a interpretar y a comprender integralmente la complejidad no sólo
de esos hechos, sino de las ideas, valores, conocimientos y experiencias
que constituyen nuestra existencia en un ambiente gobernado en gran proporción
por las máquinas y los tecnócratas.
El estudio de la cibercultura como tarea de las ciencias de la discusión
Reflexionar,
comprender, interpretar, criticar e intervenir, o lo que es lo mismo, aprender
a leer con inteligencia, o mejor, sabiamente, el nuevo mundo de la cibercultura,
un mundo en el que igual podemos superar nuestras limitaciones físicas
e intelectuales para despertar otras dimensiones de la mente, o correr el
riesgo de perder nuestra condición humana, si nos limitamos a aceptar
y a vivir como autómatas en un mundo en el que parece que "nada se
explica, nada se prueba, todo se ve", como premonitoriamente lo ha descrito
Cioran . En un mundo donde predomina el hacer, necesitamos rescatar nuestro
papel de pensadores y, como lo expresa este mismo autor, comenzar a "retorcer
la vida por todos sus lados, proyectar sus facetas en todos sus matices,
volver incesantemente sobre todos sus entresijos, recorrer de arriba abajo
sus senderos, mirar una y mil veces el mismo aspecto...".
La cibercultura
puede concebirse como parte del mundo social que, en la perspectiva de las
ciencias de la discusión, puede ser abordado como un ámbito
de expresión y de construcción simbólica a partir de
las interacciones que se dan entre el hombre y la máquina y entre
los hombres por medio de las máquinas.
Aquí
se plantea la posibilidad de abordar crítica e interpretativamente
la subjetividad y la intersubjetividad en los procesos de interacción
simbólica en un contexto creado por el uso de las tecnologías
de la información y la comunicación, como lo es el ciberespacio.
Así mismo, desde el horizonte que abren las ciencias de la discusión,
es posible intentar procesos de construcción de sentido a partir de
la caracterización de las dinámicas sociales que se modifican
o que se generan en el ámbito de la cibercultura.
En consecuencia,
es hora de empezar no sólo a hacernos preguntas como las que quiero
dejar planteadas a continuación, sino de iniciar la búsqueda
de las posibles respuestas, sus fundamentos y la manera de contrastarlas
y confirmarlas, para lograr una comprensión que nos permita actuar
en consonancia con el saber construido desde nuestro contexto compartido.
¿Hasta
dónde podemos llegar movidos por el imperativo tecnológico,
según el cual lo que técnicamente puede hacerse debe hacerse,
sin considerar las consecuencias humanas y sociales?
¿Cómo
se están modificando las relaciones autor, lector y textos en el ámbito
del ciberespacio?
¿Qué
cambios culturales y sociales se observan cuando el desarrollo tecnológico
impone el uso de dispositivos electrónicos que modifican inevitablemente
las formas de leer, de pensar y de comunicarse?
¿Qué
cambios cognitivos se producen cuando se está en contacto con la gran
cantidad de información con la que es posible contar en la Internet?
¿Cuáles
son los problemas culturales que se generan cuando nos limitamos a ser simples
ciber-consumidores de información?
¿Cómo
podemos emprender la producción, el enriquecimiento y la conservación
de nuestro propio acervo de conocimiento aprovechando las nuevas tecnologías
de la información?
¿En
qué medida el ciberespacio puede sustituir al espacio físico
en las dinámicas de las comunidades?
¿Cómo
influye la realidad ciberespacial en las otras realidades que compartimos
cotidianamente?
¿Cómo
se modifica la experiencia del conocimiento cuando se interactúa con
máquinas que procesan información con base en el hipertexto
y en los instrumentos hipermediales?
¿De
qué manera pueden enfrentarse los problemas derivados de la explosión
informacional posibilitada por la Internet, tales como la desorientación
del cibernauta, la infoxicación, el desbordamiento cognoscitivo o
saturación informativa, la información superficial e insuficiente
(también conocidas como ruido y silencio informacional) o el analfabetismo
funcional?
Aspectos ciberculturales en la gestión de las redes de conocimiento
en la biblioteca universitaria
Esta línea
de investigación debería partir de identificar y proponer estrategias
de intervención en la biblioteca universitaria, como factores claves
de éxito para la integración de redes de conocimiento que apoyan
la docencia y la investigación. Debido a la radical transformación
que está ocurriendo en los procesos de enseñanza-aprendizaje
universitarios, basados en las tecnologías de la información
y la comunicación, se generan unas dinámicas tecnoinformacionales
que coinciden con lo que hemos denominado cultura digital o cibercultura
y que, por supuesto, debe comenzar a estudiarse en lo que se considera uno
de los puntos neurálgicos de cualquier sistema universitario: la biblioteca.
Se plantea
entonces la necesidad de describir, comprender e interpretar el contexto,
las interacciones, actitudes, competencias y creencias sobre la cultura digital
o cibercultura, no sólo de los usuarios de la información sino
del personal bibliotecario, en tanto que son el soporte informacional de
las actividades docentes e investigativas, encargadas de promover el flujo
del conocimiento, y constituyen la estructura básica en la conformación
de las redes de conocimiento en la dinámica de la universidad contemporánea,
entendida como centro productor de conocimiento y de innovación vinculado
estrechamente a los procesos de desarrollo en el ámbito regional.
La preocupación
investigativa debería centrarse en los aspectos sociales y culturales
que son transformados radicalmente por el uso de las tecnologías de
la información y la comunicación, y el reto consiste en comprender,
valorar, intervenir y redefinir culturalmente los impactos socioculturales
de estas transformaciones.
En tal sentido
podrían plantearse cuestiones como estas:
¿Cómo
operan los cambios producidos por las interacciones hombre-máquina
en la experiencia y en la concepción del mundo de los bibliotecarios
de la biblioteca universitaria?
¿En
qué medida se modifica la concepción del trabajo bibliotecario
en un proceso de modernización como el que se viene realizando en
las bibliotecas universitarias?
¿Qué
modificaciones culturales se han efectuado en la experiencia intersubjetiva
en un ambiente universitario mediado por el uso de las tecnologías
de la información y la comunicación?
¿Hasta
qué punto es factible recurrir a la etnometodología para comprender
la experiencia de los bibliotecarios que han tenido que adaptarse forzosamente
a la modernización de la biblioteca universitaria?
¿Cómo
pueden interpretarse y reconstruirse la estructuras simbólicas de
la cultura bibliotecaria en el ámbito universitario actual?
¿Qué
efectos desestructurantes han provocado las tecnologías de la información
y la comunicación sobre el mundo de la vida de los grupos de bibliotecarios
que laboran en la biblioteca universitaria?
¿Cómo
puede fundamentarse críticamente una reflexión acerca de la
racionalidad inherente al desarrollo tecnológico bibliotecario en
el contexto académico?
Conocer estos
aspectos ciberculturales en el ámbito bibliotecario es el primer paso
para proponer las orientaciones y estrategias que permitan la integración
del factor humano y social a proyectos de gestión del conocimiento,
de creación de bibliotecas virtuales y de integración de redes
de conocimiento, que hacen parte de la nueva universidad, caracterizada por
procesos de enseñanza-aprendizaje en red, y que crean una nueva cultura
conformada por comunidades virtuales, en las que se modifican radicalmente
la subjetividad, las relaciones intersubjetivas de una colectividad y su
cosmovisión.
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